GIBOSA CRECIENTE 🌔 VIERNES 27 MARZO 2026

Cómo conocí a David Castillo y acabamos reflexionado sobre el tiempo

Por si no hubiera podcasts en todo tipo de plataformas, voy yo y me lanzo a abrir el mío. A pesar de ser un mercado saturado, sigue siendo un mercado abierto en el que siempre se pueden escuchar nuevas voces. Disculpa, ¿tienes hora? Así he llamado al proyecto, por si aún no lo sabías, y no es un podcast de relojes en el que hablo de relojes o doy mi opinión sobre determinadas cuestiones; eso lo hago en mi canal personal.

Fragmento del podcast: Disculpa, ¿tienes hora?

Al principio pensé: “Voy a hacer un podcast donde los invitados me enseñen parte de sus colecciones”. Pero, claro, no caí en los riesgos a los que puedes exponer a determinadas personas al mostrarse de esa manera, y además hablar solo de relojes podría cerrar la puerta a un público más amplio. Tras una cena en el Sacha con Guille Dávila, él me inspiró para darle una vuelta de tuerca. Claramente, el podcast estará ligado a los relojes, pero estos serán el hilo conductor: quiero hablar con los invitados sobre sus carreras profesionales, su visión sobre determinados temas y, a poder ser, sobre su conexión con sus relojes. Será una mezcla que permitirá al espectador conocer una faceta nueva del entrevistado que probablemente no haya contado antes.

De todas formas, os pido paciencia, porque mi capacidad como entrevistador tendrá que pulirse con el paso del tiempo.

El primer episodio ha sido con David Castillo. En el programa dije que nos conocimos por Instagram, pero claramente yo ya lo conocía por su papel de Jonathan en la serie Aída. En Instagram, más bien, fue él quien me conoció a mí. Tras varias conversaciones digitales, me animé a invitarlo como primer invitado. Cuando confirmó, me lancé a reservar el estudio de grabación y a investigar de cabo a rabo su vida profesional y las entrevistas que había dado.

David interpretando a Jonathan en Aida

A pesar de tener 33 años, lleva ya 26 trabajando. Comenzó con anuncios en televisión y, debido a su talento natural, fue seleccionado para interpretar a Bernardo en Cachorro, una película que, en palabras de David, ha envejecido muy bien. También apareció en la mítica serie Médico de familia y en una de mis favoritas de la infancia, Manolito Gafotas. A los 11 años consiguió el papel que más lo marcaría: Jonathan, el joven gamberro pero de buen corazón de Aída. Una serie con un elenco aclamado en España —Pepe Viyuela, Carmen Machi o Paco León, entre otros—.

Cuando terminó la serie, David sentía que necesitaba hacer un parón en el mundo audiovisual. Venía de una etapa durísima por la pérdida de su padre y me comentaba que necesitaba cambiar de aires. Así que recaló en la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, un lugar donde por fin pudo compartir tiempo con gente de su edad y sentirse uno más.

Elenco de la obra de teatro Mihura – Imagen de teatromadrid.com

Despegarse de un papel que te acompaña tantos años puede resultar complejo, pero sin duda lo ha logrado. Aunque la profesión lo eligió a él en su niñez, ya en la adolescencia tenía claro que ese era su camino. Aun teniendo la espina de no haber estudiado Arquitectura, le agradecemos que continúe haciendo una gran labor en el campo de la interpretación.

En los últimos años se ha decantado por el teatro —Sala de despiece y ahora con Mihura el último comediógrafo, entre otros —; también ha realizado varias series y, lo más importante, ha vuelto a la gran pantalla tras 11 años como protagonista en Bajo el mismo sol. Un largometraje en el que el espectador acompaña a Lázaro, un joven español que se traslada a la isla de La Española por encargo de su padre para levantar una empresa de seda. Dirigida por Ulises Porra, entre República Dominicana y España, conoceremos cómo ese joven, lleno de miedos e inseguridades, continúa los pasos dictados por su padre. Estoy seguro de que David ha entrado en una etapa de su vida en la que nos hará disfrutar mucho con sus actuaciones.

Cartel para el Festival de Cine Internacional de Toronto – Bajo el mismo sol

En cuanto a los relojes, David trajo cuatro. Uno fino, de aire Belle Époque, de una marca que yo desconocía y que su madre le regaló con mucho cariño. El segundo, un Serica, que consiguió a través de un caballero y coleccionista vallisoletano con quien pudo intercambiar una agradable conversación relojera. El tercero era un magnífico Cartier Santos Galbée, una pieza que ojalá algún día también pueda disfrutar; fue un pequeño capricho que David se dio tras una etapa profesional y que ahora es, más que un objeto, un recuerdo vivo. Y, por último, un NOMOS Club, un reloj que no había visto en persona hasta la fecha y que, como decía David entre risas, “es un reloj para gente así un poco moderna”.

Relojes que David compartió con nosotros

Para terminar el episodio, intenté buscar un lado más profundo del entrevistado —algo que no siempre sucederá, porque dependerá de la dinámica y del invitado—. Con David hubo suerte y pudimos conocer su visión del tiempo. No es una persona que añore demasiado el pasado: él prefiere entenderlo, aprender de él y no vivir anclado. Hablando del pasado, y también de su libro de poesía, me contó que su abuelo hacía algo muy particular —un gesto que se hacía a los artistas flamencos en España— para darles buen augurio. Curiosamente, David ha acabado siendo artista; aunque no crea en el destino, sí considera que cuando da a los demás y hace el bien, el universo le ayuda. Cerramos el episodio con una lección, la “triple H”, de su padre: todo te irá bien mientras seas honrado, honesto y humilde.

Cuando voy a conocer a alguien, intento ir sin expectativas de ningún tipo. Con David era complicado quitarse esa idea del joven gamberro que lo marcó en televisión, pero se desvaneció en el mismo momento en que nos dimos la mano y nos fumamos un cigarro. Se nota que es una persona serena, que maneja bien los tiempos y se expresa con gran elocuencia; de buen corazón, pero con carácter; y que, si le das la mano, te tiende el brazo. Qué bien lo pasé, y ojalá nos veamos pronto.

Iñigo Salaverria