GIBOSA CRECIENTE 🌔 VIERNES 27 MARZO 2026

Crónica de una cena en el Sacha

Este año celebré mi cumpleaños lejos de mi familia. Estaba en tierras catalanas visitando a mi amigo Ramón (@tarjetastudio) y, de hecho, lo celebré junto a sus padres en Sa Jambina, en Calella de Palafrugell.

Un rincón donde se unen el producto fresco y la mano de un chef que sabe cómo tratarlo. Todo ello coronado por una excelente elección de menaje, que acompaña estéticamente al producto sin restarle protagonismo, y por un local cuidadosamente iluminado. Vamos, que está cojonudo.

Sa Jambina en Calella de Palafrugell.

Para los padres de mi amigo soy Iñigo, “el de los relojes”. Así que, como siempre, acabamos hablando del tema. Su padre, más que un coleccionista, diría que tiene un gusto exquisito, afinado por su mujer. Ella me contó sus aventuras para regalarle, por cada década de su aniversario, un buen reloj, y yo solo pensaba: ojalá mi mujer haga lo mismo.

En aquel momento llevaba un IWC Ingenieur de los años 90: una versión en acero con correa NATO, puesta por él, y con un movimiento de cuarzo que lo convertía en un reloj fino y ligero. Hay marcas que tienen esa capacidad de crear relojes con alma, e IWC es una de ellas.

IWC Ingenieur años 90s

De Barna a Madrid llegamos en tren. Esa misma tarde teníamos una cita importante con Guille Dávila. Yo lo descubrí gracias a mi amigo Ramón, que ya lo tenía fichado. Guille es fundador de Brandelicius, una consultora especializada en gastronomía, lujo y bodegas. Algo que me pareció muy interesante de él es que es el académico más joven de la Academia de Gastronomía de Madrid.

Títulos aparte, yo quería conocerle porque me parecía un tío molón. Así que hablé con él y nos llevó a cenar al Sacha.

El Sacha es uno de esos sitios a los que, si quieres ir, tienes que conocer a alguien que te ayude a reservar, porque siempre está lleno. Ese día llegamos los primeros y nos sentaron fuera. Hacía una noche perfecta, aunque yo estaba un poco nervioso.

Primero llegó Álex, socio de Guille. En ese momento me pareció un tipo serio, pero pronto me sorprendió lo abierto y sincero que se mostró. Al rato apareció Guille, con unas cuantas botellas que íbamos a degustar. Y entonces ocurrió lo mejor que podía pasar.

SACHA, Madrid - 2025 Reviews & Information

La conversación fue genial —al menos para nosotros—. Cómo no, hablamos de relojes y de restaurantes. Intercambiamos preguntas y respuestas, pero yo diría que para nosotros fue una auténtica masterclass. Para Ramón, desde su mundo de la restauración/hoteles; y para mí, desde el del marketing/redes.

De repente, se presentó Sacha en nuestra mesa. Aunque no puedo dirigirme a él como “señor” —recuerdo que, entre risas, me echó la bronca por llamarle de usted—. Él es un rock star, pero no de esos que esperan a que todo el mundo guarde silencio para marcarse un solo de guitarra espectacular, sino de esos que consiguen que todo el estadio cante con ellos al unísono.

Al principio me intimidó un poco, pero con cuatro frases entendí de qué iba la cosa. Esa era su casa: él te abría las puertas y tú, amablemente, te sentabas a comer lo que había preparado para ti. Te hacía sentir que lo tenía todo bajo control, y así era. Tú solo tenías que preocuparte de sacar buenos temas de conversación para proceder armoniosamente con ese ritual conversacional que son las comidas y las cenas.

Mientras la conversación fluía, Guille se animaba a abrir otra botella y a servirnos a todos. Probamos varios vinos y Champagne. El que más disfruté fue un Jerez seco, el Fino La Ina de Pedro Domecq, que en mi paladar inexperto resultaba delicioso. De la comida solo os diré que nos trajeron la famosa tortilla del Sacha, tuétano —que para mí es un auténtico manjar—, txuleta… y no os cuento más para que no sintáis envidia.

La cena comenzó hacia las 20:00 y terminó de madrugada. En una conversación tan larga saqué la conclusión de que, si quiero hacer algo especial, tiene que ser auténtico. Nunca he sido de seguir la corriente; siempre me he guiado por la intuición y por mi propia curiosidad. Eso me ha llevado a descubrir inquietudes y gustos que, al compartirlos, pueden resultar muy interesantes.

Y gracias a Guille y Alex, esa noche recordé el camino que debo seguir. Así que atentos, que se vienen curvas.