¿Qué reloj llevaría si fuese Piloto de Avión?
Soy de esas personas a las que no les gusta volar. Eso de subirme a una estructura enorme, que vale millones de euros, con otras 100 personas, y que se despega del suelo por el efecto Bernoulli, alcanzando velocidades superiores a los 700 km/h a más de 10 km de altura, no va conmigo. Aun así, no queda otra que acostumbrarse, maravillarse de lo que es capaz el ser humano y dejarse llevar.
La humanidad siempre quiso volar y, desde que los hermanos Wright lograron alzar aquel protoavión al cielo durante 59 segundos, no hubo vuelta atrás: tanto, que en 66 años logramos llegar a la Luna.
La relojería acompañó desde el minuto uno. A los hermanos Wright al parecer lo hizo un Vacheron, y el mundialmente famoso Cartier Santos se creó en exclusiva para Alberto Santos-Dumont, el excéntrico piloto multimillonario brasileño, diseñado por el mismísimo Louis Cartier con movimiento LeCoultre.

IWC fue una de las pioneras en crear relojes específicos para las necesidades de un piloto. El Big Pilot, llamado así (Gran Reloj de Piloto) por su tamaño de hasta 55 mm de diámetro, es un icono que sigue acompañando las muñecas de los aficionados. Es importante que los números sean legibles, a poder ser arábigos; que lleve superluminova en todos ellos, incluidas las manecillas, para verlo bien de noche; una corona grande para poder ajustar la hora con guantes gruesos; y correa NATO o de cuero, ya que el acero, a bajas temperaturas, no es muy agradable y pesa.

A mí, personalmente, me enamora el IWC Mark XI que llevaba la Royal Air Force británica en los años 40. Un reloj elegante, redondo, con una legibilidad perfecta, a medio camino entre reloj de piloto y reloj de campo.

En cuanto a los viajes internacionales, Rolex fue clave en dar a conocer el doble huso horario a través del Rolex GMT-Master. La cuarta manecilla nos indica la hora de nuestro domicilio, mientras que las horas “normales” nos indicarán la hora del destino al que hemos acudido. En colaboración con Pan American Airlines, fue todo un referente del reloj-instrumento para los pilotos de la época.

Y, finalmente, los horas mundiales: un reloj para quienes tienen intereses por todo el mundo. Pongo de ejemplo este Frederique Constant Worldtimer, una pieza que demuestra que, para ser funcional, no hace falta dejar de lado la belleza. Cuenta con un disco rotatorio interno con los nombres de distintas ciudades del mundo; la manecilla de las horas gira cada 24 horas y, de un vistazo, podemos ver la hora en todos esos países.
